En la primera sesión del Club de Lectura Milana Bonita realizada el 9 de septiembre de 2025, como no podía ser de otra forma, hemos hablado sobre el libro Guerra medioambiental en Gaza escrito por Shourideh C. Molavi y publicado por la editorial Levantafuegos. El libro de Molavi ofrece una perspectiva única sobre los efectos que el ecocolonialismo de Israel está teniendo tanto en el paisaje como en la cultura palestina.
Uno de los puntos más impactantes del libro es el análisis que realiza sobre dicho ecocolonialismo como una estrategia planificada que utiliza Isarel contra el pueblo palestino, que busca fracturar su identidad, arrancando cultivos tradicionales, controlando acuíferos y presentando su proyecto como un “reverdecer del desierto” cuando en realidad “Israel ha arrasado zonas enteras y hay toda una programación colonial para fragmentar la identidad del pueblo palestino”. La obra muestra que la opresión se ejerce tanto en lo físico como en lo simbólico, afectando directamente a la tierra, a la memoria cultural y a la agricultura tradicional palestina.
El libro también subraya cómo, algo tan cotidiano como comer, Israel lo ha convertido en una herramienta de control y opresión “Israel quitó a los agricultores palestinos el acceso a los acuíferos de la zona, lo que también influye en el agua potable, en el riego”. El control sobre semillas, agua y cultivos va borrando la memoria agrícola palestina, impidiendo que las nuevas generaciones se reconozcan en sus naranjos, olivos o plantas autóctonas lo que implica una pérdida de identidad.
Por otra parte, la violencia no se limita a los ataques directos como los bombardeos que transforman el clima y propician la proliferación de especies invasoras que ponen en riesgo la biodiversidad de la zona. Como se reflexionó en la reunión “la potencia de las bombas está transformando el clima, nunca antes habían tenido estas temperaturas”. La obra abre un campo de reflexión sobre cómo la guerra también tiene dimensión ambiental.
El libro introduce el concepto de “fronteras móviles” que a las personas asistentes a la reunión nos impactó mucho, ya que el propio cuerpo se convierte en la línea de control. Quién eres determina si puedes pasar o no, y hasta qué agua puedes beber. Como se comentó, “los cuerpos son las fronteras… son fronteras móviles”. Esta metáfora refleja la extrema militarización del territorio y cómo afecta la vida cotidiana, desde la posibilidad de trabajar la tierra hasta el acceso a recursos vitales como el agua potable.
Uno de los temas que preocupó a los participantes fue la construcción de la narrativa, “me preocupa la construcción del relato de la animalidad frente a la racionalidad vinculado al ecofascismo. La gente que no tiene el subtexto puede pensar hay vidas que no merecen ser vividas, que son salvajes”, también “la idea es que los indígenas son incapaces” “nunca hemos escuchado las voces palestinas… Lo último que se escucha es a un palestino o una palestina y siempre se buscan datos para confrontarles, la propaganda consigue que veamos a Palestina solo como víctima, despojándola de su dimensión cultural e histórica, hay un componente social de racismo, la islamofobia,…y además hay pocas voces que se hayan alzado por las mujeres palestinas”. La música, la danza y la vida comunitaria palestina quedan borradas por un relato impuesto, mientras se legitima la ocupación y la transformación ambiental.
El libro también invita a reflexionar sobre procesos similares en otros contextos como las políticas extractivistas, el ecofascismo, la islamofobia y un relato mediático que jerarquiza vidas. Se discutió cómo estas estrategias resuenan más allá de Gaza, afectando nuestra relación con el consumo, los festivales y las instituciones que normalizan estos procesos. Como se señaló durante la sesión “debemos cuestionar nuestra relación con nuestros placeres plateándonos a cuáles deberíamos renunciar y a cuáles no”.
Sin duda, Guerra medioambiental en Gaza es una lectura necesaria que tiene múltiples capas, que se profundizan cuando se lee en colectivo, “un libro con muchas capas que cuando leemos juntas, tiene más capas aún”. La obra invita a cuestionar nuestra relación con la tierra, la soberanía alimentaria, los derechos humanos y la sostenibilidad, recordando que el ecocolonialismo no solo destruye vidas, sino también ecosistemas, saberes y a la cultura y nos obliga a repensar qué relatos escuchamos y qué voces legitimamos.

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