Notas sobre nuestro encuentro ‘Borradores del futuro: imaginar para abrir brecha’

En el último encuentro del Club de Lectura Milana Bonita debatimos sobre el libro Borradores del futuro, historias y fabulaciones sobre mundos posibles, el cual es una colección de relatos cortos, de fábulas que imaginan el futuro de alternativas o utopías. Parten de experiencias concretas que existen en la actualidadcomo ejercicio de ficción especulativa anclada en lo real. Frente a un imaginario del porvenir dominado por la distopía —historias de un futuro catastrófico que alertan eficazmente sobre los peligros, pero que a menudo paralizan—, el proyecto propone mirar a iniciativas existentes, pequeñas, territoriales, y preguntarse qué pasaría si llegaran a expandirse. Son “utopías concretas”, “prototipos”, “alternativas” que funcionan como borradores: no como modelos cerrados, sino como hipótesis abiertas.

Quizá por eso una de las frases que más resonó en nuestra sesión fue: “fabular desde lo que ya existe está muy guay”. Pero esa idea vino acompañada de una lectura clave: “casi ningún cambio viene por tema ético sino por llegar a una vía muerta”.

La experiencia de lectura fue diversa. “No he leído mucha ciencia ficción… el de la comunidad que quedaba por la noche a la luna me ha gustado mucho y me ha parecido muy sugerente”. Otras reacciones fueron más ambivalentes: “hay altibajos de calidad, un regusto agridulce”. Aun así, “salir del ensayo me ha gustado”.

El relato de la luna conectó con problemas materiales muy concretos: “la contaminación lumínica afecta de forma brutal no solo en las ciudades sino también en lo rural”. Sin embargo, también generó incomodidad “se asume que tienen dieta vegetal, pero la explotación animal sigue ahí”.

El relato de la escalera, a alguien le pareció “muy romantizado y naíf”, pero despertó reconocimiento con frases como “en el bloque donde viven mis padres la gente se sigue ayudando de esa forma”, lo que “da esperanza”.

En el plano político surgieron tensiones claras. “Son iniciativas aisladas y eso no me convence”. Algunos relatos parecían “querer tirar todo lo de antes”. Se valoraron más aquellos donde “había porosidad entre lo viejo y lo que está por venir”.

El conflicto antiespecista atravesó toda la lectura con intervenciones como que“el especismo aparece en todo el libro”, “la manera de hablar del veganismo me ha parecido casi paródica” y frases como “las gallinas ponen más huevos y las vacas dan más leche” generaron rechazo. También se señaló que “hay suposiciones y escenarios sobre la tecnología que no les pillo el rollo”.

En el relato de los robots, sorprendió que “fueron los propios robots los que tuvieron que autodestruirse porque la humanidad no fue capaz de parar”, desplazando la responsabilidad.

La discapacidad apareció como ausencia “el tema de la discapacidad se menciona en un cuento, pero no se resuelve nada”. A partir de ahí se habló del cuidado: “ver las necesidades de una persona y cómo, de forma comunicativa, darle respuesta”. Pero “no queremos vernos ni escucharnos porque eso nos genera una pérdida de tiempo”. Recuperar el cuidado implica “hacer red”, hábitos que “se han perdido”.

El relato “Solo es un juego” abrió debate sobre lenguaje y tiempo, “cuando la niña dice ‘estáis todes loques, no te inventes palabres’ me hizo mucha gracia”. También se señaló que “las niñas no conocen la expresión perder el tiempo” porque el tiempo no lo entienden en términos de productividad.

Leído colectivamente desde el Club de Lectura Milana Bonita, Borradores del futuro funcionó como un borrador muy fértil para el debate. No ofrece soluciones cerradas, por lo que nos obliga a pensar juntas qué futuros queremos imaginar y desde dónde.


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