En la sesión de febrero del Club de Lectura Milana Bonita debatimos el ensayo De animales y clases. Para una aproximación al animalismo desde el ecosocialismo,escrito por Juano Álverez. Un libro que intenta pensar la relación entre antiespecismo, ecologismo y la tradición marxista. El libro parte de la idea de que si queremos cuestionar la explotación animal no basta con argumentos morales o decisiones individuales, sino que hay que analizar también las estructuras económicas, sociales y políticas que sostienen esa explotación.
El autor propone tender puentes entre el animalismo y el ecosocialismo, intentando mostrar que la cuestión animal debería formar parte de un proyecto más amplio de transformación ecosocial. Al mismo tiempo, plantea que el animalismo necesita dialogar con la izquierda política para tener impacto real en el modelo productivo, la agricultura industrial o la crisis ecológica.
La intención del autor es pensar cómo podría integrarse la cuestión animal dentro de un proyecto ecosocialista más amplio, sin embargo, en la sesión se debatió sobre que esa integración no está exenta de tensiones.
Una de las primeras intervenciones señaló que, pese a las críticas, el libro tiene el mérito de situar conflictos reales sobre la mesa. Como dijo una compañera, “pone encima de la mesa un problema real que tenemos entre antiespecismo, animalismo y ecologismo”, algo que atraviesa a muchos espacios militantes.
Una de las críticas más repetidas durante la sesión fue la contradicción entre el rechazo al capacitismo que el libro declara y la forma en que construye algunos de sus argumentos. Para una participante, “aunque el autor dice estar en contra del capacitismo, al final acaba argumentando desde las capacidades”, lo que le resulta problemático desde una perspectiva antiespecista.
En esa misma línea, otra intervención apuntó que “si mides a los animales por su capacidad de organizarse o de tener agencia política, al final estás usando una vara humana”. Desde este punto de vista, el problema no es sólo teórico, sino también político ya que si el reconocimiento depende de cumplir ciertos criterios humanos, siempre habrá vidas que queden fuera.
Este debate se conectó también con la cuestión de la agencia animal. Varias personas señalaron que el libro apenas aborda este tema y que tiende a tratar a los animales como un conjunto homogéneo. Como se comentó en la sesión, “los animales tienen intereses, formas de resistencia y agencia propia, pero el libro muchas veces los trata como si fueran un bloque”.
A pesar de estas críticas, algunas de la personas que participaron destacaron que el libro puede tener un valor pedagógico ya que “las ideas son bastante fáciles de entender y hay ejemplos claros”, mencionando especialmente los datos sobre macrogranjas y contaminación. Desde ese punto de vista, se planteó que quizá el libro pueda resultar útil para personas que no están familiarizadas con estos debates ya que “para gente que no viene del antiespecismo o del ecologismo es bastante accesible”.
Sin embargo, para otras personas la lectura resultó más bien frustrante con frases como “a mí el libro no me ha gustado nada, se me ha hecho muy cuesta arriba” o “siendo un libro tan corto, se me ha hecho muy largo”.
También generó discusión el esfuerzo del autor por conectar el animalismo con la tradición marxista. Para algunas personas, ese intento resultaba forzado “hay un empeño muy grande en justificar el animalismo a través de Marx”, cuando en realidad Marx “es hijo de su tiempo y se centró en otros problemas”.
Al mismo tiempo, hubo quien reconoció que ese intento puede tener una lógica estratégica, ya que “dentro de la izquierda el animalismo sigue siendo lo último”, comentó un compañero, señalando que a menudo estos debates quedan fuera de las prioridades de los partidos y organizaciones. En ese sentido, se planteó que quizá el libro intenta abrir una brecha dentro del ecosocialismo para que la cuestión animal sea tomada en serio.
Otro tema que apareció varias veces fue el tratamiento del mundo rural y de la caza. Para algunas personas, el libro reproduce una mirada demasiado urbana sobre estas cuestiones con frases como “cuando habla del mundo rural y de la caza se nota una mirada bastante urbanita”, se comentó, recordando que dentro de muchas organizaciones de izquierdas hay personas que cazan o que defienden la caza como práctica popular.
Por último, también se señaló que el libro tiene problemas de estructura, “la intención puede ser buena, pero el libro está un poco desordenado, algunas ideas se desarrollan mucho y otras aparecen de repente”. En ese sentido, incluso elementos como la metáfora del boxeo fueron percibidos por parte del grupo como algo “metido con calzador”.
A pesar de las discrepancias, la lectura sirvió para abrir conversaciones incómodas pero necesarias. Como se dijo al final de la sesión, quizá el libro no esté pensado para quienes llevan años trabajando estos temas, pero sí puede funcionar como una puerta de entrada para otros públicos.
Y, sobre todo, dejó planteada una pregunta que seguirá atravesando nuestros debates, cómo articular antiespecismo, ecologismo y lucha de clases sin que ninguna de estas dimensiones quede subordinada o diluida en las otras.

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