En esta sesión del club de lectura Milana Bonita hemos leído Hija de sangre y otros relatos, de Octavia Butler. El libro es una mezcla de relatos de diferentes épocas y va acompañado de epílogos en los que la autora explica el origen de cada historia y su proceso creativo. En ellos aparecen algunos temas como la convivencia entre especies, las relaciones de poder, la dependencia mutua, el lenguaje, la enfermedad o las comunidades humanas enfrentadas a contextos extremos. Aunque los escenarios son especulativos (alienígenas que conviven con humanos, epidemias que transforman la sociedad, futuros posibles) las preguntas que atraviesan los relatos son profundamente humanas.
Empezamos reconociendo la potencia de una autora que durante mucho tiempo no ha sido tan leída como debería. Como dijo una de las participantes, Butler es “una escritora a la que no se le ha hecho mucho caso y es una tía potente”, su obra abre preguntas que siguen siendo muy actuales. Sus historias, se comentó, parten de “cuestiones muy humanas y muy sencillas y de un escenario posible”, pero desde ahí nos obligan a mirar de frente problemas sociales, ecológicos y políticos que siguen atravesándonos. En ese sentido, Butler parece adelantarse a muchas discusiones contemporáneas, porque en sus relatos aparecen “desigualdades extremas en acceso a recursos” y preguntas sobre “por qué es necesario seguir escribiendo este tipo de ficción para evitar lo que viene o al menos ver cómo adaptarnos”.
La conversación giró mucho alrededor de cómo la ciencia ficción permite pensar el presente desde lugares inesperados. Una participante señalaba que la literatura especulativa tiene un alcance especial porque “la escritura creativa puede llegar a más personas”, y que además el recurso de la ciencia ficción “nos hace cuestionarnos grandes preguntas”. Esa capacidad de generar preguntas más que respuestas es algo que varias personas valoraron muy positivamente.
El relato que da título al libro, Hija de sangre, fue uno de los que más debate generó. Varias personas lo describieron como una lectura incómoda y perturbadora. “El primero me ha gustado y me ha perturbado”, comentaba alguien, mientras otra persona señalaba que Butler parece buscar precisamente ese efecto, porque “busca interpelarte a veces de una manera muy desagradable”. Esa incomodidad no aparece gratuitamente, sino que nos coloca ante relaciones de poder complejas. Para algunas personas del club, el cuento funciona como una metáfora del colonialismo; para otras, se parecía más a ciertas relaciones entre personas y otros animales, con frases como“lo he visto más desde el punto de vista de las relaciones que hay entre las personas y los animales convivientes… donde por un lado hay acogimiento y por otro sometimiento y utilización de los cuerpos”.
Desde esa perspectiva antiespecista, el relato se leyó como una reflexión sobre cómo naturalizamos relaciones de dominación que combinan cuidado y explotación. De hecho, una persona habló directamente de “una relación de mascotismo”, que le parecía “terrorífico”, aunque también reconocía que en el cuento hay elementos que complican esa lectura. Otra intervención respondía precisamente a esa idea señalando que el texto muestra algo más ambiguo, “ambas especies están en una absoluta necesidad mutua”, por lo que no se trataría solo de dominación, sino de una relación donde “ambas partes tienen mucho que perder”.
Esa ambigüedad fue una de las características más comentadas del libro. Las historias que recoge no presentan relaciones simples ni personajes completamente buenos o malos. Como resumió alguien en el debate, Butler “no es una escritora que haga cosas blancas y negras”. En sus relatos aparecen vínculos perversos precisamente porque mezclan afecto, dependencia y explotación, algo que también se señaló al hablar de las relaciones históricas entre esclavistas y esclavizados.
El relato Amnistía fue otro de los que más resonó en la sesión. Varias personas lo leyeron como una metáfora de la experimentación animal. Una participante explicaba que había interpretado la historia “como la experimentación animal que hacemos”, subrayando que en el relato aparece el contraste entre quienes sufren la experimentación y quienes la justifican. En ese sentido, también se mencionó que Butler hace pequeñas alusiones a animales en la narración, algo que generó debate porque “solo menciona a las ratas y hace alusiones del trato normalizado que les damos”.
Otros relatos generaron debate, como Sonidos de habla y La tarde, la mañana y la noche que llamó la atención por la forma en que se aborda la enfermedad y la compulsión por mantenerse siempre haciendo cosas. Esa idea generó una reflexión que conectaba el relato con el presente, “tenían que estar súper ocupados y no autodestruirse… algo parecido a lo que nos pasa ahora, que no podemos parar de hacer cosas”.
La estructura del libro, que reúne relatos de diferentes momentos de la carrera de Butler, también fue comentada. Varias personas destacaron lo interesante que resultan los epílogos en los que la autora explica el origen de cada historia. A alguien le parecieron especialmente valiosos porque “entiendes el razonamiento de la autora” y porque Butler “aterriza mucho la idea general”. Sin embargo, no todo el mundo estuvo de acuerdo, otra persona reconocía directamente que “no le han gustado los epílogos”.
También apareció el debate sobre el formato de relato corto. Algunas personas del club comentaron que se sienten menos cómodas con ese tipo de narraciones. Una participante lo explicaba diciendo que “se siente torpe leyendo ciencia ficción y que no es fan de los relatos”, mientras que otra señalaba que, cuando una historia le interesa mucho, le ocurre que “tiene la sensación de que se acaba todo muy pronto”. Esa brevedad, sin embargo, también fue defendida por otras personas como una forma muy intensa de plantear ideas.
En conjunto, la lectura dejó una sensación compleja pero estimulante. Alguien resumía su experiencia diciendo que se había quedado con una “sensación agridulce”, porque algunos relatos le habían gustado mucho mientras que otros le generaban más dudas. Pero incluso en esos casos, el libro parecía cumplir una de las funciones centrales de la ciencia ficción, obligarnos a pensar desde lugares incómodos. Como se dijo en la conversación, las historias de Butler “plantean problemas humanos todo el tiempo”, y lo hacen situándonos en escenarios donde nuestras certezas se vuelven frágiles.
Quizá por eso la discusión terminó con ganas de seguir leyendo a Butler. Algunas personas recomendaron continuar con otras obras de la autora, mencionando especialmente Xenogénesis y La parábola del sembrador. Porque si algo quedó claro en esta sesión del club es que los mundos de Octavia Butler, por extraños que parezcan, están llenos de preguntas que siguen siendo muy nuestras.

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