En esta sesión del club de lectura Milana Bonita nos hemos enfrentado a un libro bastante distinto a lo habitual, Pensar en sistemas de Donella Meadows. Se trata de una obra clave del pensamiento sistémico, reconstruida a partir de apuntes y textos de la autora tras su muerte, quien fue también una de las principales responsables del informe Los límites del crecimiento. Como se dijo en la sesión, “nunca habíamos tenido un manual de corte académico sobre cómo acercarnos a dificultades en las organizaciones y a los problemas medioambientales”, y eso se ha notado mucho en la lectura colectiva.
Ha sido, en general, un libro exigente. Algunas personas sentimos que había sido difícil de seguir, hasta el punto de que varias no lo terminaron o no lograron encontrarle sentido. En palabras del propio grupo, “me superó, no entendía muy bien qué le podía aportar”, “no he podido terminarlo tampoco…”. También se ha señalado que “la primera parte era muy farragosa” y “no sabía muy bien a dónde nos llevaba”. Aun así, también ha habido quien ha querido “romper una lanza en favor de leer libros farragosos”, recordando que “tiene que haber teoría para poder comprender lo que se dice” y señalando que, en los capítulos posteriores, especialmente “cuando aparecen ejemplos, el libro se vuelve más accesible”.
Más allá de estas dificultades, el libro ha dejado algunas ideas potentes. Una de ellas es de que los sistemas están diseñados —aunque no siempre de forma consciente— para producir exactamente los resultados que producen. Esto nos lleva a replantear muchas de las injusticias que solemos interpretar como fallos. Si lo miramos desde una perspectiva sistémica, quizá no lo sean tanto. La desigualdad económica, por ejemplo, no sería un accidente, sino una consecuencia lógica de un sistema cuyo objetivo es la acumulación de capital. De la misma manera, la crisis ecológica no sería un desajuste puntual, sino el resultado de una lógica de crecimiento infinito en un planeta finito. También se comentó que “los sistemas no se comportan de forma lineal cuando los recursos son finitos”, algo que conecta directamente con la crisis ecológica actual.
Otro de los debates que ha atravesado la sesión ha sido el posicionamiento político de la autora. Varias intervenciones han señalado una cierta decepción con su enfoque, que se percibe como claramente reformista “su posición política es reformista, me hubiera gustado mayor radicalidad” o incluso que “me ha defraudado profundamente que no es un libro radical”. Aunque el libro ofrece herramientas interesantes para intervenir en los sistemas, se comentó que no llega a cuestionar de forma explícita el marco capitalista.
Aun así, una de las aportaciones más interesantes del libro ha sido la reflexión sobre los puntos de intervención en los sistemas. Ha llamado especialmente la atención “el orden de importancia para intervenir en los sistemas”, así como la idea de que los cambios más profundos —los que afectan a los objetivos o a los paradigmas— son también los más difíciles de lograr. Como se señalaba, “lo que más modifica el sistema es lo más difícil” y “si no pensamos que se puede cambiar el paradigma, amortiguar algo o ralentizarlo no va a hacer que el sistema cambie”. Esto nos obliga a preguntarnos hasta qué punto nuestras prácticas políticas se quedan en cambios superficiales o logran realmente incidir en las estructuras de fondo. Al mismo tiempo, hubo quien defendía que esos cambios profundos no son imposibles “transcender los paradigmas en base a la información, cuestionártelo todo” y que, de hecho, “estamos viendo cambios de paradigmas contemporáneos cada dos por tres”.
También ha resultado sugerente la idea de que no podemos controlar completamente los sistemas ni predecir su comportamiento “no es posible controlar los sistemas”. Esto puede generar cierta frustración, pero también invita a una forma de acción más consciente de sus límites, donde la paciencia —como también se mencionó— juega un papel importante.
En conjunto, Pensar en sistemas no ha sido una lectura fácil ni especialmente cómoda pero sí aporta una herramienta valiosa, una forma de mirar que nos obliga a ir más allá de lo evidente y a pensar en términos de estructuras, relaciones y procesos. Y eso, aunque cueste, abre preguntas que merecen la pena.

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